Sueños

Todos tenemos sueños. Unos más fáciles de conseguir y otros más difíciles, o incluso imposibles. La cuestión está en perseguirlos, en hacer lo posible por llegar a alcanzarlos, aunque haya piedras en el camino, aunque parezca que nunca vas a llegar al final.

 

Hace ahora aproximadamente veinte años que mamá y papá empezamos a salir juntos. Eran tiempos de universidad, de salidas de fin de semana, de paseos vespertinos comiendo un helado, de llegar a casa asustado porque era demasiado tarde (o demasiado temprano)… Pero también de ir empezando a soñar cómo sería nuestra vida juntos.

 

No os voy a engañar, no teníamos pensado casarnos y formar una familia numerosa desde el minuto cero. Esto fue surgiendo poco a poco. Sabíamos que queríamos tener hijos y siempre decíamos que “tantos como pudiéramos mantener”. Porque, tampoco os voy a engañar con esto, tener hijos puede ser tan caro o barato como se quiera, pero gratis no es. Un tiempo después ya sabíamos que tendríamos que estar entre dos y tres, aunque no se pueda tener medio hijo, nosotros nos entendíamos. Y llegó un momento en el que formar una familia, con tantos hijos como pudiéramos mantener, pasó a ser nuestro sueño.

 

Y aquí estamos, casi veinte años después, casi media vida para papá y más de media vida para mamá. Con nuestra familia numerosa. Porque para qué dudar entre dos y tres, tres y punto. Con nuestros tres tesoros que nos hacen darnos cuenta cada día que teníamos razón con nuestro sueño. Que era un gran sueño. Porque, ante todo, nuestra familia es lo que más felices nos hace.

 

Sueños

 

Y puestos a soñar, yo ahora sueño con que pasen otros 20 años. Y, de forma egoísta, sueño con que celebremos el día del padre todos juntos y que mis hijos me feliciten con tantas ganas como lo ha hecho nuestra hija mayor este año. Sueño con que estemos todos juntos a la mesa disfrutando de charlas, risas y recuerdos. Sueño también, por qué no, con tener ya algún nieto, que no lo dejen para tan tarde como nosotros. Sueño con que alguno de ellos sueñe con tener una familia numerosa también. Sueño.

 

Y me doy cuenta de que no importa cuánto se tarde en conseguir los sueños. Lo importante es perseguirlos, pelear por ellos, equivocarse de camino… Se puede tardar días, se puede tardar años, media vida o la vida entera. Puede que incluso nunca se alcancen. Mientras tanto, hay que disfrutar del camino.

 

Como dicen por ahí, nunca dejes de soñar.

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