Romance, desilusión y júbilo (con mi niña)

Meses atrás os contaba lo especial que podía llegar a ser (y estaba siendo) la relación de un padre con su hija. Ni mejor ni peor que la de una madre, sino solamente distinta. Y yo estaba encantado con esa relación con mi niña. Pero el tiempo pasa. Las circunstancias y las personas cambian (los niños incluidos), y pueden tener necesidades distintas en cada momento. Y a nosotros no nos queda otro que asumirlas.

 

Hace tiempo, alguien nos explicó que, en toda relación humana, puede haber tres etapas. Son el romance, la desilusión, y el júbilo. Y doy fe de que las estoy viviendo con mi niña.

 

Romance

Muchas veces le dije que estaba enamorado de ella (si esto te suena raro, lo siento, hay muchas formas de amor), aunque mamá se pusiera un poco celosa. Me hacía sentir que era para ella alguien especial, que aunque una madre sea una madre, había cosas que prefería hacer con papá. Irse a dormir y que papá le contara un cuento era (al menos para mí) uno de los mejores momentos del día. Que se despertara por la noche y me llamara no era lo más agradable del mundo pero me hacía sentir importante para ella. Cuando se despertaba y tenía miedo, se acordaba de papá. Insisto, estaba enamorado de ella, tenía un romance con ella.

Desilusión

Probablemente fuera algo que pasara poco a poco. Llegó un momento en el que me encontré con que, en la mayoría de las ocasiones, yo estaba con los mellizos, y mamá con mi niña. Unas veces por demanda de ella y otras por conveniencia nuestra, pero el tiempo con ella se redujo, mucho. Ya no había cuento con papá antes de dormir. Y lamentablemente se dejó de despertar por las noches. Ella estaba agusto con mamá y papá se sentía desilusionado porque su niña ya no tenía una relación especial con él. Y lo que es peor, no parecía echarlo de menos.

Júbilo

Hasta que llega una etapa en la que te das cuenta de que, pase lo que pase, hagáis lo que hagáis, siempre será tu niña. Y de que para ella, sigues siendo el mejor papá del mundo, aunque no te necesite para ninguna cosa ciertas cosas o las prefiera hacer con mamá. Y empiezas a disfrutar de cualquier momento que pasas con ella. Haciendo lo que sea, por pequeño que sea. Ahora baja conmigo a tirar la basura. Tres minutos que disfruto como un enano tocando con ella los botones del ascensor, abriendo juntos el contenedor o explicándole dónde vive cada vecino que nos encontramos. Tres minutos. Ni comparación con el tiempo que pasábamos juntos antes. Pero tres minutos que me saben a gloria. A júbilo.

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