(Mis) Cosas de niños

Hoy me voy a confesar. Lo que os cuento a continuación es alto secreto, casi nadie lo sabe. Hechos acaecidos en mi infancia. Una infancia normal, como cualquier otra, supongo. Con cosas bien hechas y con cosas… De niños.

Mis pulmones siempre me agradecerán que las colillas que cogía para satisfacer mi curiosidad por el tabaco no me hicieran mucha gracia. Bueno, que mi padre me pillara también ayudó. Recuerdo que me dijo que si quería uno de sus cigarros. Ducados, negro. Como para decir que sí. Ahí se acabó el tema. Cosas de niños.

Si tenía poca hambre y me ponían mucho para comer o cenar, no había problema, era un niño de recursos. Varias croquetas volaron por el salón de casa de mis abuelos hasta caer encima o detrás del mueble. Lo que no recuerdo es lo que ocurrió cuando lo descubrieron, aunque mi madre me recuerda de vez en cuando que lo hice. Cosas de niños.

Era un niño decidido. Una vez estaba jugando en la calle y mi tío, mi primo y mi abuelo se iban a pasar la tarde al campo. De decidido que era, decidí irme con ellos, sin avisar a nadie. Después me enteré que se preparó una buena, estuvo medio barrio buscándome. Hoy se habría solucionado con una llamadita al móvil. Cosas​ de niños.

Me gustaban los animales. Tanto que no quería que pasan hambre. Así que estando de visita en casa de unos amigos, a mi primo y a mí se nos ocurrió coger peras y manzanas de sus correspondientes perales y manzanos, y echárselas a unas vacas. Seguro que nos lo agradecieron mucho. Los dueños creo que no tanto. Cosas de niños.

Tirar piedras era divertido. Tanto que una tarde estaba tirándolas para intentar llegar a lo alto de un edificio, en el que estaba mi casa, por cierto. Eran cuatro pisos solo, y alguna piedra llegaba. Lo malo es que estaban cayendo al patio interior y salió un vecino a echarme la bronca. Cosas de niños.

A veces se me olvidaban cosas. El día antes de mi Primera Comunión yo estaba tan tranquilo jugando en casa con algunos de los regalos que ya me habían hecho, cuando se recibió una llamada de teléfono. Era el párroco. Tenía que haber ido a confesarme, como todos los demás niños. Nos tocó ir corriendo a otra iglesia. Cosas​ de niños.

Tengo tres hijos. Las posibilidades de que hagan cosas que no me gusten, cosas de niños, son el triple de las que tuvieron mis padres conmigo. Aunque los tiempos han cambiado, mucho, creo que me vendrá bien recordar que yo también fui niño. Y, aunque no recuerdo haber sido especialmente trasto, hay cosas que no debo olvidar, así que las voy a dejar por aqui, para cuando haya que recordarlas.

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