Alike: ¿eres gris?

Un día cualquiera, en una ciudad cualquiera, en una casa cualquiera, un papá cualquiera, se prepara para ir a trabajar y llevar a su hijo al colegio. Rápido, sin entretenerse, sin perder el tiempo. Tiempo que, día tras día, no hay para pararse por el camino a ver a un músico callejero en la única nota de color que hay en toda la ciudad. Porque el papá también tiene su color, pero lo pierde entre los papeles de su aburrido trabajo. Su hijo es el único que se resiste, aunque entre su padre y su profesor también consiguen que lo vaya perdiendo poco a poco. El resto de la historia la tenéis que ver en el corto Alike de Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Méndez.

 

Vivimos en un mundo gris. Lleno de prisas, de agobios, de “no parar”. Y lo malo es que contagiamos a los demás. Y lo peor es que contagiamos incluso a nuestros propios hijos. Hemos cambiado el color y la alegría por el blanco y negro y las prisas. No estoy criticando nada ni a nadie, en todo caso a mí mismo. Simplemente creo que si quiero que algo no sea de determinada forma, yo puedo cambiarlo, o al menos intentarlo. Yo puedo elegir. Puedo tener mi color o puedo ser gris. Y todo, al final, es susceptible de ser contagiado a los demás.

 
Cada vez que me convenzo de que merezco un ratito sentado sin hacer nada en lugar de leer un cuento a mi hija (que además me lo pide), elijo volverme un poco gris. Cada vez que no la dejo que me ayude a hacer la pizza de los martes porque si lo hace tardamos más, elijo volverme un poco gris. Cada vez que le digo no a ir al parque porque se llena de arena y luego hay que bañarla, elijo volverme un poco gris. Cada vez más y más gris. Y además, hago que ella también vaya perdiendo su color, se vaya apagando. Ella me da constantes oportunidades, todos los niños lo hacen, de recuperar mi color, pero yo me resisto. Y eso que ser gris es tan aburrido…

 
El papá de Alike, llega un momento en el que decide salirse de las prisas y los agobios. Y, al hacerlo, recupera su color y, además, hace que su hijo vuelva a tener el suyo con fuerza. Porque tenemos una influencia en nuestros hijos enorme, y, con ella, la obligación de saber aprovecharla. Jugar, pintar, saltar, correr con ellos nunca puede ser una pérdida de tiempo, aunque a veces nos lo parezca. Al contrario. Es un tiempo excelentemente aprovechado.

 

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Y tú, ¿eres gris o tienes color?

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