Los Reyes Magos SÍ existen

Soy un mentiroso. Y mamá también lo es. Hemos mentido, mentimos, y mentiremos a nuestra hija. Y mentiremos también a los mellizos. Y, además, llegará el momento en el que le pidamos a su hermana mayor que nos ayude a que la mentira cuele. Mintiendo ella también, por supuesto.  Así que todos mentirosos. Familia de mentirosos nos podéis llamar.

A mí de pequeño también me mintieron. Igual que a mamá. Pero los dos éramos muy felices con nuestros regalos de los Reyes Magos. Y después, de mayores, hemos seguido siéndolo, y hemos seguido disfrutando de la Navidad. Ahora con los niños los disfrutamos más todavía. La vivimos con ilusión y queremos que siga siendo así todos los años. Aunque haya que contar mentiras. Compensa con creces.

 

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Recuerdo cuando me enteré que los Reyes Magos eran los padres (y los tíos, abuelos, etc.). Se le escapó a un primo mayor que yo. Y recuerdo seguir recibiendo regalos y disfrutando la Navidad los años siguientes. No se si era el momento (ni siquiera recuerdo la edad que tenía), o debía haber sido más tarde. Pero lo que si recuerdo es no haber sufrido ningún trauma ni haber odiado a mis padres ni tan siquiera un momento. Sigo siendo muy feliz en Navidad. Me sigue gustando.

Nuestros hijos crecerán pensando, mientras sea posible, que los Reyes Magos se cuelan cada noche del 5 de enero en casa, vete tú a saber cómo, con camellos incluidos, nos dejan los regalos, comen y beben algo de lo que le hemos dejado, y se van a seguir con su tarea, que es mucha. Tienen que acabar agotados. Es lo que tiene la magia.

Cuando creamos que ha llegado el momento de darles una explicación sobre porqué les hemos mentido, se les dará una carta que nos entregaron los Reyes Magos el día de su nacimiento y que hemos guardado desde entonces.

Apreciados Raúl y Belén, papás de Julia.
Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Julia. Es un niña preciosa que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos.
Pero a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:
1er favor: Que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría.
2º favor: Como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a Julia hasta que cumpla los X años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque sino… ¿qué pensarán de nosotros? ¿dónde estará la mágia? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas que más los quieren a ellos.
3er favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos. Y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que vuestros hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos.
Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando Julia te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más lo queréis en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla.
Melchor, Gaspar y Baltasar.

 

Si la explicación de los Reyes Magos encaja o no con lo que ellos piensen y si se sienten o no engañados, lo veremos en su momento. Pero, al menos hasta entones, que la ilusión siga en esta casa cada año. Eso no nos lo quita nadie. O alguien cree que esto no merece la pena…

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