Momentos de caos que merecen la pena

 

Hay momentos en los que el caos se apodera de tu cabeza, de tu casa, de tu familia, de tu mundo. Momentos en los que no sabes dónde meterte. Por suerte, son pocos y no muy duraderos en el tiempo, pero hay que pasarlos. Es difícil mantener la calma y, de hecho no siempre se consigue. Y cuando acaban te quedas con la sensación de que se podría haber evitado, aunque no siempre. A veces, es inevitable si quieres hacer algo distinto de las rutinas diarias. Y te puedes encontrar con algo como esto.

 

Ese momento en el que te has ido a cenar con unos amigos. Lo has pasado bien. Los mellizos han estado tranquilos. Su hermana mayor ha jugado hasta estar agotada. Y es la hora de volver a casa. Llegas al coche y empiezan los problemas. Una protesta porque quiere que le abrochen el cinturón. Otros lloran porque no están agusto en el carro ni tampoco en el grupo cero. Te das prisa. Sabes que, al arrancar y ponerte en marcha la cosa se tranquiliza. Y así es. Un poco de “Dale Ramón” por aquí y un poco de “El baile de la fruta” por allá y llegamos. Otra vez problemas. Una protesta porque quiere bajar. Otros lloran porque, al pararse el coche, recuerdan que no están agusto. Los bajas a todos y a casa. Y entonces es el momento. Hasta ahora ha sido sólo un calentamiento. Una protesta porque quiere que alguien vaya a su habitación a ayudarle a quitarse el abrigo. Otros lloran porque están en el carro parados (esto no puede ser, carro quieto imposible). Hay que atenderlos a todos sin tiempo casi ni de quitarse el abrigo. De los zapatos ya ni hablamos. Decides cambiarte de ropa primero como puedes, corriendo y por turnos. Leer un cuento tumbado en una cama con ropa de calle y botas no es nada cómodo, ¿verdad, mamá?. Uno se cambia y el otro se ocupa de los niños. Mientras tanto, el gato maullando desbocado en el pasillo porque quiere su comida y su agua. Después de unos minutos interminables, una se tranquiliza, ya está en su rutina diaria. Otros, al sacarlos del carro y tumbarlos en la cama para ponerles el pijama y cambiarlos de pañal, siguen todavía llorando porque para ellos no es tan fácil. Unos minutos después, ya todo es como cualquier día, solo que un poco más tarde. Qué momento.

 

caos-2

 

¡Qué mal rato! Prisas, voces, llantos, maullidos… Han sido momentos de agobio. Pero las horas anteriores han merecido la pena. Hay que hacer algo de vida social, relacionarse, etc.  Así que, a pesar de todo, ¿cuándo repetimos?

 

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2 comentarios en “Momentos de caos que merecen la pena

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