Adiós siesta, adiós

Qué rica nos sabe una siestita después de comer. Y, sobre todo, qué rica nos sabe la siesta de nuestros hijos, porque así descansamos nosotros. Recuerdo y echo de menos los fines de semana (entre semana yo no lo podía disfrutar) en los que Julia dormía su siesta de dos horas. Qué ratito más rico para descansar, tomarse un café, ver una peli…

Según dónde te informes (en internet por ejemplo), los niños deben echarse la siesta hasta los tres, cuatro, o cinco años. Así que, a lo mejor, lo mejor es fiarse de lo que veamos que nuestro peque necesita y no hacer caso a teorías. Igual que a mí no me gusta especialmente echarme la siesta, y no la necesito casi nunca, habrá otras personas que les pasará lo contrario. ¿Por qué no va a pasar igual con los niños? No son todos iguales.

Hace unos meses, con el comienzo del curso, decidimos quitarle la siesta a Julia. Se juntaron varios factores. Entre salir del colegio, llegar a casa y comer, se echaba demasiado tarde. Además, por la mañana la teníamos que levantar a las 7:30, por lo que era necesario que se durmiera bastante pronto por la noche, y la siesta no ayudaba a esto precisamente. Al principio nos parecía fantástico, antes de las 21:30 estaba dormida la mayoría de los días. Pero empezamos a notar ciertos cambios en ella. Estaba más irascible. En unos días pasó a tener dos o tres berrinches diarios y nos empezamos a preocupar porque creíamos que empezaba a estar celosa por los llegada de los mellizos. La situación se volvió muy complicada y decidimos volver a la siesta. Se dormía más tarde por la noche y le costaba más despertarse por la mañana, pero su comportamiento volvió a ser el habitual, el de antes.

Y así hemos aguantado hasta ahora. Durante este tiempo, Julia se ha echado la siesta regularmente, pero no todos los días. Los martes y jueves se queda a comer en el cole y luego tiene cuentacuentos así que la siesta quedaba para lunes, miércoles y viernes. Los fines de semana había de todo, unos días sí y otros no. Y ahora, con sus casi tres años y medio, ella misma ha dicho basta. Insiste e insiste en que no se quiere echar la siesta, y así no hay mucho que hacer. Hasta dice que no se quiere ir a dormir por la noche, “no quiero ir aloló” dice ella. Pero claro, acaba cayendo, el sueño le puede. Aunque si algún día se queda dormida, por ejemplo, diez minutos viniendo en coche a casa, puede que haya que hacer malabarismos para dormirla por la noche.

Así que otra etapa quemada. La siesta queda atrás y toca buscar entretenimiento para los ratos de después de comer que, seguramente, ya no serán tan tranquilos. Tendremos que tirar de Cómo te entretenemos.

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