La contraseña

La seguridad de nuestros hijos nos preocupa a todos los padres. Haríamos lo que fuera porque a nuestros hijos no les pasara nada. Y lo hacemos, empezando por darles unas bases que intentamos que comprendan, y pongan en práctica, claro.

 

La primera vez que vi este vídeo se me quedó bastante mal cuerpo, con una mezcla de sentimientos de sorpresa, miedo, intranquilidad y preocupación. Además, verlo en “El Hormiguero” no ayudó. Estás viendo algo divertido y, de repente, te plantan esto.

 

El vídeo pretende demostrar lo fácil que es para un extraño convencer a nuestros hijos de que se vayan con él. No importa cuántas veces les digamos que no hablen con gente que no conozcan. Un cachorro, una actitud amable, y ya está. Con muy poco es suficiente. Todas las madres del vídeo dicen que les recuerdan a sus hijos a menudo que no se habla con extraños, y están seguras de que sus hijos no se irán con él. Y todas se equivocan.

 

Seguro que a todos, como padres, nos ha pasado que, mientras le decimos algo importante a nuestros hijos parece que nos están escuchando, e incluso que nos están entendiendo. Y acto seguido hacen justo lo contrario de lo que les habíamos dicho. Lo que ocurre es que la mayoría de las veces no le damos mayor importancia porque la falta de escucha no tiene consecuencias aparentes para ellos, pero es frustrante. ¿Y cómo hacer que nos escuchen y tengan en cuenta lo que les decimos? Seguro que no hay una fórmula mágica, pero sí que hay pequeñas cosas que podemos tener en cuenta:

  • las prioridades del niño: si tiene hambre, o quiere ver la tele, o… lo que sea, no nos va a hacer caso por mucho que lo intentemos
  • asegurarse de que nos presta atención: evitamos pérdidas de tiempo
  • que las expectativas no sean demasiado altas: no podemos pretender que entienda todo lo que le decimos a la primera. Es un niño, no un adulto
  • seguramente tendremos menos éxito si no estamos al nivel del niño, físicamente. Agachados, a su altura, es más fácil
  • escucharles a ellos: imitan todo lo que hacemos, esto también

 

Pero, si esto no funciona, ¿qué opciones nos quedan? ¿confiar en que no haya malas personas? ¿confiar en que nuestros hijos no harán lo que los del vídeo? Por desgracia, la única opción fiable cien por cien, es estar pendiente permanentemente de ellos, no quitarles la vista de encima. Esto no quiere decir que limitemos su autonomía, y que no podamos estar sentados tranquilamente en un banco del parque mientras juegan, pueden jugar solos. Pero si queremos minimizar estos riesgos, tenemos que estar pendientes de ellos.

 

Hay una pequeña historia que encontramos en internet, e intentaremos poner en práctica a ver si nos funciona.

Un extraño se acercó a una niña y le dijo:

“Ven conmigo, soy amigo de tu mamá.

Ella me ha pedido que te recoja porque se ha puesto enferma”

La niña le dijo: “¿Cuál es la  contraseña?”

El extraño quedó desorientado y se fue corriendo.

La niña y sus padres habían elegido una contraseña para que en el caso de que

papá o mamá  hubieran mandado a alguien a recogerla, ella supiera que era cierto.

 

Parque

 

Este ejemplo de una tarde en un parque es una pequeña muestra de algo que los padres arrastraremos toda la vida. La preocupación, intranquilidad, frustración, inseguridad, nos acompañarán siempre. Cada edad de nuestros hijos tendrá sus motivos: primero el parque, después el instituto, las primeras salidas nocturnas, los estudios, los amigos, el trabajo… Como dice Saramago: Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado.”

 

 

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3 comentarios en “La contraseña

  1. Leyendo lo que vais escribiendo, recuerdo lo importante que es LA VIVENCIA CONSCIENTE de aquello que después se va a contar.
    Pero, hay algo más… CREÉIS EN LA IMPORTANCIA DE LO QUE CONTÁIS.
    Eso es el mayor logro para vosotros y vuestros hijos… Eso y el que estéis siempre abiertos y en constante evolución con ellos.
    Claro que desgasta… Hasta dejarles ir desgasta… por fuera.
    Luego, miradles y miraos en madurez, crecimiento, autonomía, esperanza, alegría…
    Ah, los miedos por el mañana se comen las alegrías de hoy.
    OS QUIERO ENTRAÑABLEMENTE.

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  2. Simplemente me encanta todo lo que escribes. Cada etapa del niño preocupa a los padres de una manera diferente, a veces me ha dado por pensar cuando mi hijo sea más mayor si le habré educado lo suficientemente bien para que esté a salvo de ese tipo de situaciones. Supongo que el temor acompaña a los padres en cada etapa del crecimiento, es inevitable. Solo nos queda hacer lo mejor que podamos.

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